Un comprimido sin principio activo puede aliviar el dolor, y el miedo a los efectos secundarios puede provocarlos. Repasamos qué sabemos de estos efectos, cómo actúan en el cerebro y por qué importan en la consulta.
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22 de septiembre de 20265 min de lectura
La terapia psicológica tiene una base de evidencia sólida, pero con matices que todo futuro psicólogo debería conocer: cuánto ayuda, a quién, qué papel tiene la alianza terapéutica y por qué conviene medir el progreso.
Leer artículoEl efecto placebo suele presentarse como un engaño: alguien «se cree» que mejora. La investigación actual lo describe de otra forma. Las expectativas, el aprendizaje previo y el contexto del tratamiento producen cambios reales en la experiencia y en la actividad del sistema nervioso. Para quien va a dedicarse a la salud, entenderlo es imprescindible.
Ambos se dan sobre todo en síntomas subjetivos como el dolor, las náuseas, la fatiga o el malestar (Colloca y Barsky, 2020).
En un estudio clásico con resonancia magnética funcional, Wager y su equipo aplicaron estímulos dolorosos a participantes a los que antes se había administrado una crema inerte presentada como analgésica. Además de informar de menos dolor, mostraron menor actividad en regiones implicadas en el procesamiento del dolor, como el tálamo, la ínsula y la corteza cingulada anterior (Wager et al., 2004).
Otros trabajos han relacionado la analgesia por placebo con la liberación de opioides endógenos: el cerebro pone en marcha sus propios mecanismos de alivio.
Idea clave: el placebo no «cura» enfermedades, pero puede modificar de forma real cómo se perciben y se viven los síntomas.
¿Funciona un placebo si el paciente sabe que lo es? Kaptchuk y su equipo lo probaron en personas con síndrome de intestino irritable. A un grupo le dieron pastillas que se presentaban abiertamente como placebo, explicando que pueden activar procesos de mejoría; el otro grupo no recibió tratamiento. Quienes tomaron el placebo «honesto» informaron de una mejoría clínicamente relevante (Kaptchuk et al., 2010). Es un área de investigación activa que abre la puerta a usar el placebo sin engañar al paciente.
Las expectativas negativas también actúan. En un ensayo con personas que habían abandonado las estatinas por efectos adversos, cada participante tomó durante meses, sin saber en cada momento qué tomaba, estatinas, placebo o nada. Los síntomas que referían con el placebo fueron casi tan intensos como con la estatina (Wood et al., 2020). Buena parte del malestar se debía a lo que esperaban sentir.
Idea clave: como profesional, tus palabras y tu forma de estar con el paciente también son parte del tratamiento.