«Los ignorantes no saben que lo son» es una de las ideas de la psicología más compartidas en redes. El estudio original dice algo más interesante, y el debate posterior obliga a matizarlo.
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4 de octubre de 20264 min de lectura
En 2015, un gran proyecto intentó repetir cien estudios publicados y solo una parte dio el mismo resultado. Te contamos por qué ocurrió, qué prácticas lo explican y cómo ha mejorado la forma de investigar.
Leer artículoPocas investigaciones psicológicas han tenido tanta vida fuera de la universidad como el efecto Dunning-Kruger. Se cita para explicar discusiones de sobremesa, debates políticos y comentarios en redes. Pero la versión popular («quien menos sabe, más cree saber») simplifica bastante lo que se encontró. Para un estudiante de Psicología es un buen caso para practicar algo esencial: leer el estudio antes de repetir el titular.
En 1999, Justin Kruger y David Dunning publicaron cuatro estudios con estudiantes universitarios. Les evaluaron en humor, razonamiento lógico y gramática inglesa, y después les pidieron que estimaran cómo les había ido en comparación con sus compañeros (Kruger y Dunning, 1999).
El resultado más conocido es este: quienes puntuaban en el cuartil inferior, de media alrededor del percentil 12, se situaban a sí mismos por encima de la media, cerca del percentil 60. Sobrestimaban su posición de forma muy marcada.
Hubo dos hallazgos menos citados y muy relevantes:
Los autores propusieron una explicación metacognitiva: las habilidades necesarias para hacer bien una tarea son, en gran parte, las mismas que se necesitan para reconocer que se está haciendo mal.
Idea clave: el estudio no dice que las personas con menos conocimientos se crean expertas. Dice que se sitúan por encima de lo que les corresponde, aunque siguen viéndose por debajo de quienes rinden más.
Poco después aparecieron críticas metodológicas serias. Krueger y Mueller (2002) señalaron que dos fenómenos bien conocidos pueden producir un patrón muy parecido sin necesidad de un déficit metacognitivo:
Trabajos posteriores con muestras grandes han reproducido el patrón y han mostrado que buena parte se explica por cómo combinamos información imprecisa sobre nuestro rendimiento con esa tendencia general a vernos mejor de lo que somos (Jansen et al., 2021). El debate sigue abierto sobre cuánto queda, después de descontar estos factores, de un verdadero «doble déficit».
Más allá del debate, hay conclusiones prácticas bastante sólidas:
Idea clave: antes de compartir un hallazgo famoso, merece la pena preguntarse qué se midió, con quién y qué explicaciones alternativas existen. El caso Dunning-Kruger es un ejercicio perfecto.