La terapia psicológica tiene una base de evidencia sólida, pero con matices que todo futuro psicólogo debería conocer: cuánto ayuda, a quién, qué papel tiene la alianza terapéutica y por qué conviene medir el progreso.
Este artículo conecta con estas asignaturas. Allí tienes sus temas con resúmenes, tarjetas y cuestionarios.
Identifica y reduce sesgos comunes que afectan la evaluación, la intervención y la relación terapéutica.
"¿De verdad funciona la terapia?" Tarde o temprano te lo preguntará un familiar, un amigo o un paciente. La respuesta corta es que sí. La respuesta útil, la que distingue a un buen profesional, incluye los matices: cuánto ayuda, en qué condiciones, qué no sabemos todavía y qué puedes hacer tú para que funcione mejor.
En 2006, la Asociación Americana de Psicología (APA) definió la práctica basada en la evidencia en psicología como la integración de tres elementos (APA Presidential Task Force on Evidence-Based Practice, 2006):
Esta definición deja claro que "basado en la evidencia" no significa aplicar un manual sin pensar. Significa tomar decisiones informadas por la investigación y adaptadas a la persona que tienes delante.
La depresión es uno de los problemas en los que más se ha estudiado la psicoterapia, así que sirve como buen ejemplo.
Un metaanálisis de 2023 reunió 409 ensayos con 52.702 pacientes sobre la terapia cognitivo-conductual (TCC) para la depresión. Es el mayor realizado hasta la fecha sobre un tipo concreto de psicoterapia para un trastorno mental (Cuijpers et al., 2023). Sus principales resultados:
Otro metaanálisis del mismo grupo tradujo los tamaños del efecto a cifras más intuitivas (Cuijpers et al., 2021):
Los propios autores subrayan la otra cara: más de la mitad de los pacientes no responde con la terapia disponible. La psicoterapia funciona, pero no para todo el mundo ni siempre a la primera. Por eso se sigue investigando cómo combinar y secuenciar tratamientos.
La alianza terapéutica es la colaboración entre paciente y terapeuta. Incluye el acuerdo sobre los objetivos, el acuerdo sobre las tareas y el vínculo entre ambos. Es una de las variables más estudiadas en psicoterapia.
Un metaanálisis de 295 estudios, con más de 30.000 pacientes, encontró una relación consistente entre alianza y resultado (r = 0,28). Esta relación se mantenía en distintos enfoques terapéuticos, tipos de pacientes, países y también en la terapia por internet (Flückiger et al., 2018).
Un matiz importante para quien se está formando: en un estudio con 80 terapeutas, lo que predecía el resultado era sobre todo la contribución del terapeuta a la alianza, más que la del paciente (Baldwin et al., 2007). Construir y mantener una buena alianza es una habilidad que se entrena.
Hay que ser prudentes con la interpretación: se trata de una asociación y no demuestra por sí sola que la alianza cause la mejoría. Aun así, el patrón es tan robusto que ningún enfoque serio la ignora.
Una de las recomendaciones mejor respaldadas y menos aplicadas es la monitorización rutinaria de resultados. Consiste en que el paciente responda en cada sesión un breve cuestionario de síntomas o bienestar, y en que el terapeuta revise la evolución.
Un metaanálisis de 24 estudios mostró que esta práctica mejoraba los resultados frente a la atención habitual de los mismos terapeutas (Lambert et al., 2018). Su efecto era especialmente claro en los pacientes con riesgo de evolucionar mal: reducía los empeoramientos y casi duplicaba las tasas de cambio clínicamente significativo.
La lógica es sencilla: sin un dato objetivo, es fácil que un empeoramiento pase desapercibido durante varias sesiones. Tenerlo a tiempo permite reaccionar antes, por ejemplo revisando objetivos, ajustando la intervención o hablando de la alianza.