Un poco de nervios es normal; demasiada ansiedad bloquea. Repasamos qué sabemos sobre la ansiedad ante los exámenes y tres estrategias breves que han funcionado en experimentos con estudiantes.
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24 de septiembre de 20263 min de lectura
Caminar, correr, hacer yoga o entrenar fuerza reduce los síntomas depresivos con un efecto comparable al de otros tratamientos de primera línea. Repasamos los metaanálisis y cómo traducirlos a la práctica sin simplificar.
Leer artículoHas estudiado, sabes el temario y, al ver el examen, te quedas en blanco. El corazón se acelera, las preguntas parecen escritas en otro idioma y solo recuperas la calma al salir del aula. Si te ha pasado, no estás solo: la ansiedad ante los exámenes es muy frecuente entre universitarios, y la investigación ofrece pistas bastante concretas para manejarla.
Un metaanálisis que reunió tres décadas de investigación encontró que una mayor ansiedad ante los exámenes se asocia a un rendimiento más bajo, desde primaria hasta la universidad (von der Embse et al., 2018). La relación no es enorme, pero es constante.
¿Por qué ocurre? Una explicación muy aceptada es que las preocupaciones («voy a suspender», «me estoy quedando en blanco») ocupan la memoria de trabajo, el espacio mental que necesitamos para razonar y recuperar lo que sabemos. Cuanta más capacidad se dedica a preocuparse, menos queda para el examen.
Idea clave: el problema no es tener nervios, sino que las preocupaciones compitan con el examen por la misma atención.
Ramirez y Beilock (2011) pidieron a estudiantes que, justo antes de un examen, dedicaran unos diez minutos a escribir con libertad sobre lo que les preocupaba de esa prueba. En quienes tenían más ansiedad, este ejercicio mejoró el rendimiento en comparación con quienes no escribieron. La explicación propuesta es que poner las preocupaciones por escrito las «descarga» de la memoria de trabajo.
El corazón acelerado no tiene por qué significar peligro: es tu cuerpo preparándose para rendir. En un estudio con estudiantes que se preparaban para el examen de acceso a posgrado de Estados Unidos (GRE), a un grupo se le explicó que la activación fisiológica puede mejorar el rendimiento. Ese grupo obtuvo mejores resultados en matemáticas, tanto en la práctica como en el examen real (Jamieson et al., 2010).
Pasar de la ansiedad a la calma de golpe es difícil, porque implica bajar mucho la activación. Brooks (2014) observó que decirse «estoy emocionado» antes de una tarea estresante (cantar, hablar en público o resolver problemas de matemáticas) mejoraba el rendimiento más que intentar tranquilizarse. Ambas emociones comparten activación, así que el cambio es más fácil.
Idea clave: si la ansiedad es intensa, aparece también fuera de los exámenes o te lleva a evitarlos, pide ayuda. Los servicios de atención psicológica universitarios trabajan con esto a menudo y existen tratamientos eficaces.